Andrés Oppenheimer es uno de los 50 intelectuales más influyentes de Latinoamérica, según la revista Foreign Policy. Editor y columnista del Miami Herald, sigue recorriendo el continente mientras presenta sus reportajes en CNN en su ya tradicional ciclo periodístico. Está en la Argentina presentando su último libro “Sálvese quien pueda”, en el que analiza el futuro del mundo del trabajo en la era de la automatización y robotización.  “Lo que se viene es nunca visto y estoy seguro de que vamos a tener un serio problema”, le dice a Infobae. Sobre este tema y la realidad política latinoamericana, conversamos con él.

-Tu último libro, “Sálvese quien pueda”, plantea el futuro del trabajo en la era de la automatización de una manera muy complicada. ¿Es así de dramático?
—Mira, sí y no. A corto plazo sí porque lo que se viene se viene una automatización en el mundo como nunca se ha visto y vamos a tener un problema. Y en todo el mundo están empezando a darse cuenta, en América Latina menos, pero esto nos va a afectar a todos. Y yo empiezo el libro un poco contando mi profesión, tu profesión, qué es lo que está pasando con nosotros. Ahora estamos en un estudio acá, tenemos un camarógrafo; yo hace unos años grababa mi programa con cinco camarógrafos, ¿sabes cuántos tengo ahora?

—A nadie.
—Cero. Son cámaras robóticas, las mueve alguien desde otro estado, no sé, pero me dicen por el oído: “mira a la cámara 1”, “despedite de la cámara 2”. Mis entrevistas, yo cuando empecé a investigar éste libro hace 5 años yo te grababa a vos una entrevista, a todos los “futurólogos” que entrevisté en Sillicon Valley, en Nueva York, en varios países, llegaba a mi casa y las transcribía, dos horas, tres horas, o cuando estaba apurado las mandaba a transcribir. Hoy día te hago una entrevista, la mando a un servicio robótico de transcripción, en 5 minutos me la mandan. Hace 2 años, no te estoy hablando hace 10 años, hace 2, 3 años, yo mandaba a traducir mis columnas, yo trabajo en el Miami Herald, las escribo en inglés, las traducía una traductora al español y yo las reescribía en español, las editaba como todo el mundo hace con todo. Hoy día Google Translate ya es casi igual o igual que cualquier traductor, dieron una avanzada.

Entonces, en todas nuestras profesiones esto está cambiando todos los días y la gran pregunta es qué va a pasar con el transcriptor, qué va a pasar con el traductor, qué va a pasar con el camarógrafo, qué va a pasar con el iluminador que antes estaba atrás. Qué va a pasar con toda esta gente desplazada por la tecnología y qué profesiones se van a automatizar en los próximos años. Y lo que hice ahí es ir profesión por profesión. Tengo un capítulo que es qué va a pasar con los banqueros. Otro capítulo, qué va a pasar con los abogados, con los médicos, con los periodistas, con los cineastas y los artistas. Otro qué va a pasar con los deportistas. Entonces lo que hice fue entrevistar a los principales “futurólogos” del mundo, en Sillicon Valley, en Nueva York,  fui a Japón, a Corea del Sur, a Israel, fui a estos países a preguntarles a los especialistas máximos en cada rubro qué va a ser de nuestros trabajos. Y lo que me contestaron fue que, a diferencia de lo que pasaba cuando empecé a investigar este libro, hace 5 años, que todo el mundo era optimista, todo el mundo decía la tecnología siempre creó más trabajos de los que eliminó, cuando lo terminé muchas de las principales gentes que había entrevistado, y grandes figuras de tecnología como Bill Gates y Mark Zuckerberg ya están diciendo…

—”No sé si tanto”.
—”No sé si tanto”.

—Ahora, hay algo que también es muy impactante, que en el libro se plantea, es qué clase de formación académica se está dando para asumir este desafío. Porque digo, aquí se sigue, y particularmente en América Latina y específicamente en la República Argentina, seguimos enseñando a grabar con el grabador, a buscar un traductor o un desgrabador. Hay como un gap tremendo, ¿no?
—Total, total. Vamos a tener todos que reinventarnos y prepararnos para este tsunami tecnológico que se viene. Porque mucha gente dice: “Andrés, hay robots hace 60 años, nos vienen contando la misma historia hace 60 años y estamos hoy todavía trabajando de lo mismo.” Lo que pasa es que está cambiando todo por la aceleración tecnológica. Porque los tiempos están avanzando cada vez más rápido. En el siglo 19, en el siglo 20, a principios, cuando pasaron por ejemplo las calles de iluminación a gas, las lámparas a gas del siglo 19, a lámparas eléctricas, esa gente tuvo 100 años para reinventarse. O sea, el paso de las lámparas a gas en las calles a las lámparas eléctricas tardó 50, 60, 100 años. Hoy día este algoritmo de Google que traduce mucho mejor que antes lo hace de un día a otro. Esto fue literalmente de un día a otro. Porque yo probaba antes las traducciones y eran para matarse de risa.

—Sí, eran muy graciosas.
—Hoy día ya no te reís. A mí me pasó una vez que se enfermó mi traductora y alguien me dijo “probá Google Translate que está mucho mejor”. Me metí y cuando lo vi me agarró piel de gallina, dije qué pasó. Y le pregunté a una ingeniería de Google y me dijo: “Efectivamente, en los últimos 6 meses hicimos más avances que en los últimos 30 años.” Porque la Inteligencia Artificial es así, de repente se te dispara. Entonces la aceleración tecnológica está haciendo que los robots sean cada vez más inteligentes y cada vez más baratos. Y eso va a cambiar el mundo y eso te va a afectar a vos, me va a afectar a mí y lo va a afectar al dentista, y al médico, y al cirujano y al ingeniero, a todos.

— Claro.
— Por eso “Sálvese quien pueda”.

—Es muy interesante. Quien está ingresando en la escuela primaria, cuando egrese va a haber trabajos que no existen.
—Hoy no tiene sentido impartir conocimientos, nuestros docentes en América Latina están enseñando cosas del siglo 19. El conocimiento está en el buscador de Google. O sea, cuando nosotros éramos chicos nos enseñaban quién descubrió América, en qué año, y quién inventó la imprenta. Todo eso un chico lo encuentra hoy en Google mucho más rápido y de una manera mucho más accesible a él o a ella que con un profesor que se lo enseña. Entonces el rol del docente va a tener que cambiar totalmente, va a tener que ser una persona que incentive la curiosidad, que incentive la innovación. Que ayude a los chicos a encontrar su pasión, mucho más que impartir conocimientos. Se van a tener que reinventar totalmente.

Yo tengo todo un capítulo sobre los docentes donde hablo de cómo se van a tener que reinventar totalmente, como lo están haciendo ya en algunas partes del mundo para dejar de ser impartidores de conocimiento. En mi programa de CNN tuve, y lo cuento al libro, al “profesor Einstein”. “El profesor Einstein” es un robotito, un asistente virtual para ayudar a los chicos a aprender. Y es especialista, obviamente, en ciencia y en matemáticas. Entonces los chicos le pueden preguntar: “Profesor Einstein, ¿cómo es la regla de 3?” El profesor Einstein le explica. Supone que el chico no lo entiende, le dice: “No lo entiendo.” El profesor Einstein te explica de otra manera. Y el chico: “¿Sabés qué? No la entiendo.” Te la explica de una tercera manera, de una cuarta, y nunca se cansa. Entonces el docente no va a poder competir ni en paciencia ni en concentración ni en tiempo con un robot-tutor. Eso no quiere decir que dejen de existir los docentes, van a ser necesarios siempre, pero van a tener que cambiar su rol a un rol de ayudar a los chicos a encontrar su pasión porque eso una máquina no lo va a poder hacer.

—¿Hay alguna profesión más amenazada que otra? 
—Sí, claro. Al final del libro tengo todo un capítulo sobre los trabajos del futuro que van a ser los trabajos menos amenazados. Son diez, diez áreas. La primera área, la que va a ser menos amenazada de todas, va a ser el área todo lo que tenga que ver con el cuidado de los ancianos. Porque la población mundial está envejeciendo y va a haber cada vez más necesidad de gente no solo en términos médicos sino en términos de empatía. Por eso, así como hoy hay caminadores de perros, que los ves, va a haber caminadores de viejos. Eso no se va a acabar, al contrario, se van a crear cada vez más. Va a haber cada vez más trabajos para quienes sean profesores de zumba para gente de edad, psicólogos…

—Sí, asistentes terapéuticos.
—Todo eso. Todo lo que tenga que ver con empatía, contacto humano, difícilmente va a ser reemplazado por una máquina o por un robot en los próximos años. Otro trabajo que no se va a acabar, el de los psicólogos (risas). Van a hacer falta muchos técnicos para la asistencia de los robots. Van a hacer falta muchos trabajos creativos, vamos a tener mucho más tiempo libre en un futuro no muy lejano. Aunque parezca mentira, aunque hoy nos estemos matando laburando 18 horas por día, estamos trabajando cada vez menos. En Dinamarca ya están aprobando la semana laboral de 28 horas. En Alemania, varios países ya la semana laboral tiene 30, 32 horas. Nuestros antepasados, en la era agrícola, trabajaban 18 horas por día, de sol a sol, para usar el ciento por ciento de sus ingresos para comer. Hoy día por la revolución verde, por la revolución tecnológica de la comida, ya usamos una parte, 20%, 30% de nuestro presupuesto para comer, el resto lo usamos para pagar vivienda, para pagar entretenimiento… Entonces vamos a tener más tiempo libre, y para satisfacer nuestro tiempo libre y como va a haber un gran desempleo tecnológico, que es lo que hablo en el libro, siempre va a haber lugar para el poeta, para el cineasta. En ese sentido para la gente creativa esto no va a ser una mala noticia.

—Claro.
—Y después hay siete otros campos que van a tener mucha salida. Otro de ellos, por ejemplo, es todo lo que tenga que ver con colección de datos. Los ingenieros que hagan minería de datos siempre van a tener trabajo. Pero los trabajos van a cambiar. Por ejemplo, cuento que con el tema de la minería de datos, los restaurantes, en Estados Unidos y en varios lados, ya no solo tienen su cuenta de Twitter y su cuenta de Facebook sino tienen su minería de datos. Entonces saben que vos pagás con tu tarjeta, saben quién sos, saben cuándo es tu cumpleaños, entonces antes de tu cumpleaños te mandan una invitación, saben qué comiste las últimas tres veces que fuiste, saben que te gustan los tallarines con tuco, y te van a mandar un tuit diciendo…

—”Esta semana…”
—”… Esta semana vamos a tener el tuco especial llegado de Sicilia”. Pero van a tener su escritor que les va a escribir la historia de cada plato. Van a tener su nutricionista. Los mozos van a desaparecer. En el libro cuento cómo fui a Japón como parte de la investigación para este libro, fui a muchos restaurantes donde ya no hay mozos y ni siquiera hay chefs, el chef es un robot, el chef, o sea corta el sushi con un brazo robótico y le pone el caviar y el…

—El salmón.
—Todo eso lo hace un brazo robótico. Y los mozos son una cinta corrediza que pasa por todas las mesas. Entonces en lugar de mozos vas a tener nutricionistas que se van a acercar a tu mesa y te van a decir “Luis, éste plato que vos pediste tiene tantas calorías, hace bien para el corazón, hace mal para la cabeza, lo que sea”.

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—Abuso de tu confianza y de tu amabilidad para hablar un poquito de actualidad. ¿Impresión de lo que estás viendo en la Argentina en este momento?
—Yo hace un año que no venía, lo entrevisté al presidente Macri el año pasado para esta época. Obviamente es un país mucho más convulsionado. Espero que salga. Por un lado, todo este tema de los cuadernos, me parece fantástico que se destape toda la corrupción, pero en el exterior, si vos mirás la cobertura internacional, ha sido muy poca, porque la gente dice, “¿cuál es la novedad? Si todo el mundo sabía que esta mujer robaba pero por todos lados”. Entonces no es una sorpresa.

—No es una conmoción.
—No, para nada. De todas formas, yo no recuerdo ningún caso de sobornos, presuntos sobornos, con tanto detalle y que después salga tanta gente a decir “sí, es cierto, yo entregué la bolsa”. O sea, es un caso impresionante, impresionante.

—¿Te parece que éste es un golpe letal para la carrera política de Cristina Fernández?
—Si no lo llega a ser, entonces Argentina se merece un futuro peor del que ha tenido. Porque, para mí, no es solo el haber robado a cuatro manos, es el haber desperdiciado la mayor bonanza económica de la historia de este país. Esos diez años con la soja a 600 dólares, con el petróleo a 150, esa era la oportunidad para hacer despegar el país, para crear las bases de un país que sea una potencia mundial. Y no solo no mejoraron la educación, no mejoraron la infraestructura y se robaron todo, sino que dejaron al país peor que antes.

Entonces para mí lo más triste de todo es el engaño, el haberle hecho creer a la gente que el haber regalado dinero -que en suma es lo que hicieron regalando subsidios, gracias a la suba de las materias primas- era un nuevo modelo económico y que eso era sustentable. Y ese es el drama de la Argentina, que es la historia de siempre, es una película que yo por lo menos a mi edad he visto muchas veces: suben las materias primas, suben los gobiernos populistas, regalan, regalan, regalan, dejan de subir las materias primas, viene la crisis, ganan los gobiernos responsables, y tienen que hacer el ajuste. Entonces la gente dice “Ah, pero con los otros estábamos mejor”. Y por supuesto que estaban mejor, ¿por qué? El país estaba viviendo de un fenómeno internacional coyuntural que existió en ese momento. Y ese gobierno populista en lugar de invertir en educación, en crear las bases de un crecimiento sustentable…

—Dilapidó.
—Dilapidó, robó y dejó el país en peores condiciones que antes. Entonces, hasta que la gente no entienda eso, Argentina no va a salir y va a seguir siendo… Mira, el fin de semana, yo sé que vos sos un gran lector, murió V. S. Naipul, el gran premio Nobel británico. Él tenía un libro sobre Argentina que yo leí hace mucho tiempo que se llama “The return of Eva Perón”. Libro fascinante que estaba recordando ayer cuando vi la noticia de su muerte. Y él dice ahí, “Argentina es como una colonia de hormigas, está en constante agitación y constante movimiento pero no va para ningún lado”. Y mientras Argentina no entienda que vos no podés vivir de lo que no te entra, de lo que no tenés, va a seguir sin ir para ningún lado.
Entonces ojalá esto sirva para que, de una vez por todas, la gente entienda, y algunos no lo van a entender porque vivieron de arriba y les vendieron el cuento de que eso era sustentable, de que eso podía seguir, pero yo espero como argentino, como alguien que quiere a la Argentina, que la gente por lo menos que estaba en el medio, que estaba indecisa, entienda que el tema no es solo el robo, el tema es el engaño, es haber engañado a este país pensando que ese modelo de aprovechar la bonanza económica que podía ser usada para sentar las bases para que este país sea un país de primer mundo lo tiraron por la borda, lo despilfarraron, robaron todo y engañaron a la gente. Ese es el drama para mí.

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